viernes, 25 de julio de 2008

LA MUERTE

Un banco de Nueva York, Estados Unidos, envió un ramo de flores a un banco de la competencia con motivo de la inauguración de sus nuevas instalaciones. Por una confusión, la tarjeta que acompañaba las flores decía: «Nuestras más sinceras condolencias».

Poco después, la florista que había cometido el error llamó al banco para ofrecer sus disculpas. Lo que más le preocupaba, agregó la muchacha, era que el otro ramo, enviado a un funeral, llevaba el saludo destinado originalmente al banco: «Felicitaciones por su nuevo domicilio».

En realidad para el cristiano, morir es como mudarse a una vivienda mejor. Estar con Jesús en un lugar hermoso, dejar atrás pesares y dolores y reencontrarse con sus seres queridos. Debe ser causa de esperanza y no de temor. Así pues, al creyente que fallece podemos sin duda felicitarlo por su cambio de domicilio.

Las sagradas escrituras nos alientan y nos dicen “Bienaventurados los que mueren en el Señor; sí, dice el espíritu, para que descansen de sus trabajos, pues sus obras con ellos siguen”. Apoc 14, 13.

"Es cosa preciosa a los ojos de Jehová, la muerte de sus justos”. Sal 115, 15 Amén...

lunes, 21 de julio de 2008

Amor de un padre

Los turcomanes, nombre dado a muchas tribus del Asia Central, son célebres por la fuerza de sus afecciones naturales. En prueba de esta aserción se cita el siguiente caso: "Al fin del siglo xviii, Persia fue gobernada por un rey turcomano llamado Kurreem Kham, probablemente uno de los mejores que jamás había empuñado el cetro de aquel país.
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Un día llegó a él la noticia de que doce hombres habían sido robados y muertos bajo las mismas murallas de Shiraz, capital de su imperio.
A pesar de las pesquisas de la policía, por mucho tiempo no fue posible descubrir a los criminales. Por último se descubrieron, resultando ser de la misma tribu que el rey pertenecía. Encausados y probado su crimen, el rey dio órdenes de que todos sufriesen pena de muerte, a pesar de los muchos empeños de sus parientes y amigos.
Cuando los criminales fueron sacados de la cárcel para sufrir su sentencia, movió la compasión de todos ver entre todos a un joven como de 20 años, y este sentimiento fue cambiado por un verdadero dolor de corazón, cuando vieron a un anciano adelantarse al rey y pedir permiso para hablarle; le fue concedido y el anciano habló en los siguientes términos: -¡Rey, tú has jurado que estos criminales debían morir, y es justo; mas yo que no soy criminal, me presento a ti para pedir una gracia a mi soberano. Mi hijo es joven, él ha sido seducido a cometer el crimen, la justicia reclama su vida, mas, ¡oh rey!, el joven no ha probado aún las dulzuras de la vida, y acaba de desposarse.
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Yo me ofrezco para morir en su lugar. -Ten misericordia! Acepta al anciano y perdona al joven; déjale vivir para beber las aguas y cultivar las tierras de sus abuelos. El rey se conmovió en extremo al oír la petición del abuelo; mas no podía perdonar al criminal. Su crimen, había sido de homicidio. Pero vio la oportunidad de dar una lección a su pueblo del amor paterno y aceptó la propuesta del anciano.
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El hijo fue puesto en libertad y el padre murió en su lugar.
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"Dios encarece su caridad para con nosotros porque siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros" (Romanos 5: 8)

domingo, 8 de junio de 2008

LA CADENA DEL ODIO

Un importante señor gritó al Gerente de su empresa, porque estaba enojado en ese momento.


El Gerente llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado, porque había un abundante almuerzo en la mesa.


Su esposa gritó a la empleada porque rompió un plato. La empleada dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.


El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque estaba obstaculizando su salida por la puerta.


Esa señora fue al hospital para ponerse la vacuna y que le curaran la herida, y gritó al joven médico, porque le dolió la vacuna al ser aplicada.


El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado.

Su madre, tolerante y un manantial de amor y perdón, acarició sus cabellos diciéndole:
"Hijo querido, prometo que mañana haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que puedas descansar en paz. Mañana te sentirás mejor".


Bendijo a su hijo y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos.


En ese momento, se interrumpió La CADENA DEL ODIO, porque chocó con la TEMPLANZA, la DULZURA, el PERDÓN y el AMOR.


Si usted es uno de los que ingresaron en la CADENA DEL ODIO, acuérdese que puede romperlo con, TEMPLANZA, PERDÓN Y AMOR, ASI COMO CRISTO NOS LO ENSEÑO.

jueves, 29 de mayo de 2008

MIKE PEARSON

Hace poco, durante un período de revolución en un país africano que aún se ve afligido por desórdenes políticos, Mike Pearson pastoreaba un extenso distrito situado en medio de la zona del conflicto. Tres veces por semana debía viajar por una carretera en la cual el tránsito era escaso debido a las bandas de guerrilleros. Cualquier viajero que tomara ese rumbo corría el riesgo de ser asesinado sin motivo. Pero el pastor Pearson se mantuvo fiel, y por unos dos años viajó por esa carretera varias veces por semana en cumplimiento de sus deberes pastorales.


Por fin llegó el día cuando los dos bandos declararon una tregua, y una frágil paz retornó al país. Cierto día, el pastor Pearson tuvo que hacer cierta diligencia en una oficina del gobierno. Después de completarla, salió del edificio y se asombró al recibir el saludo de un hombre alto vestido de militar, cargado con cintas de cartuchos y con varias granadas de mano colgadas de las correas y el cinturón. Con amplia sonrisa, el soldado le dijo al pastor Pearson: "Señor, permítame estrecharle su mano".
Mike es un hombre amistoso, pero ese gesto proveniente de un perfecto desconocido lo tomó por sorpresa, de modo que respondió: "Señor, ¿por qué quiere hacer eso?"
El soldado replicó: "Me gustaría estrechar la mano del hombre que no pudimos matar".


Interesado, el pastor le dijo: "Por favor, explíquese".
"¿No acostumbraba usted --le preguntó el militar-- viajar por la carretera principal todos los lunes, miércoles y jueves, y pasar el punto de la mitad del camino a eso de las diez de la mañana, en su minibús Toyota, de color café?"
"Sí" --respondió Mike, con mucha curiosidad.


"Pues ha de saber --prosiguió el soldado--, que en siete diferentes ocasiones mis compañeros y yo tratamos de matarlo. Nuestro plan era acribillarlo a balazos mientras pasaba frente a nosotros. Cada vez que escondidos entre los matorrales lo veíamos venir, apretábamos los gatillos, pero ¡nuestras armas se negaban a funcionar! Tan pronto como usted desaparecía en la distancia, nuestros fusiles-ametralladora volvían a funcionar. Probábamos cuidadosamente nuestros AK-47 antes y después que usted pasara, y funcionaban perfectamente. Pero cada vez que le apuntábamos, no salían los tiros. Sólo puede haber sido un espíritu o un ángel que impedía que nuestras armas funcionaran. Por eso es que quiero estrechar su mano. ¡Dios está de su parte... o usted está de parte suya!"


¡Qué extraña experiencia debe haber sido para el pastor Pearson el darle la mano a su fracasado asesino! Pero cuán agradable para él saber que estaba bajo el cuidado de los ángeles, aun cuando no se daba cuenta siquiera del peligro que corría. "A sus ángeles mandará por ti, que te guarden en todos tus caminos", dice Salmos 91:11.

JUAN WESLEY

Era un inglés, conservador y correcto como el que más. No era ningún radical ni revolucionario, por lo menos si le aplicamos nuestra perspectiva moderna. Sin embargo, sacudió a la Iglesia de Inglaterra como si hubiera sido el mismo anticristo en hábito clerical.
Wesley no era ruidoso, fanático, inescrupuloso, ni enemigo de la paz. De hecho, era un benefactor de los pobres, los encarcelados, los oprimidos. Y sin embargo, cuando Wesley llegaba a una ciudad, las autoridades eclesiásticas declaraban la guerra a él y a sus ayudantes.

Es que Juan Wesley predicaba el evangelio de la Biblia. Sus enseñanzas eran similares a las que se hallan en el libro de Los Hechos. Y los resultados que produjo fueron los mismos que lograron los apóstoles: trastornó el orden regular de las cosas con el fin de hacer lugar para verdades que habían de trastornar el mundo (véase Hechos 4:13-33; 17:6).

Las enseñanzas de Wesley eran tan molestamente bíblicas que, a pesar de ser un pastor anglicano ordenado, se vio obligado a hacer la mayor parte de sus predicaciones al aire libre o en capillas erigidas para la ocasión. Los partidarios de Wesley, que fueron conocidos como "metodistas", fueron perseguidos por sus esfuerzos. A veces, los dirigentes religiosos hasta incitaban a las turbas para que interrumpieran las reuniones y maltrataran a los predicadores metodistas.
En 1746 Wesley fue a la ciudad de Falmouth, con el propósito de visitar a un enfermo. Mientras estaba allí, algunas de sus predicaciones despertaron la indignación de los que querían seguir cómodamente aferrados de sus pecados favoritos. Cuando supieron donde se alojaba, una turba fue en su busca para apalearlo; y si como resultado moría, Inglaterra se vería libre de su "herejía". Así pensaban ellos.
Reuniéndose frente a la casa, comenzaron a gritar: "¿Dónde está el metodista? ¡Queremos al metodista!"

Wesley no salió, de modo que los revoltosos decidieron forzar la puerta de la casa, precipitándose al interior. Al llegar al dormitorio, la puerta la hallaron cerrada con llave. Los que iban al frente retrocedieron. Pero algunos marineros se adelantaron, gritando: "¡A un lado, muchachos, a un lado!" Turnándose, se lanzaban con todo su peso contra la puerta. Después de unos cuantos encontronazos, las bisagras volaron y ésta cayó al suelo.

Ahora no había nada que se interpusiera entre ellos y el hombre a quien tanto odiaban sin causa. Nada, esto es, excepto los ángeles y el poder de Dios. Wesley se levantó de la silla que ocupaba, y mirando cara a cara y sin temor a los hombres, dijo: "¿Alguno de ustedes quería hablar conmigo?" Los hombres airados se aquietaron. Se acallaron sus alaridos y rugidos. A medida que Wesley --que medía un metro cincuenta y no llegaba a pesar cincuenta kilos-- avanzaba, los rufianes retrocedían. Por todo el pasillo, y luego por las escaleras, los atacantes se apretaban contra la pared y la baranda como si una fuerza invisible los estuviera haciendo a un lado. Con ojos ardientes de ira, y con corazones sedientos de sangre, miraban a Wesley, pero no pudieron levantar un pie ni un puño contra él.

Mientras Wesley pasaba junto a la turba hostil, les hablaba con calma, reprendiéndolos por su odio, y pidiéndoles que le dieran siquiera una razón que justificara su malvado proceder. Centenares de hombres se apretujaban afuera junto a la puerta, pero ellos también se vieron obligados a hacerle un camino al pequeño Wesley, que era un gigante en la fe y un campeón de la verdad como se ven pocos en cualquier época. Dios comisionó a sus ángeles para que protegieran la vida de su valiente servidor.

¿Manda Dios en nuestra época a sus ángeles para que protejan a sus siervos?
PAZ CON DIOS

Martín Lutero nació en Eisleben, Alemania, el 10 de noviembre de 1483, nueve años antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón.

Desde niño fue enseñado en la religión de acuerdo a los conceptos de esa época que no enseñaba el amor de Dios sino que lo presentaba como el Juez severo. Lutero relata que se ponía pálido cada vez que oía el nombre de Jesús.

Mientras estudiaba leyes en la Universidad de Erfurt, encontró un día en la biblioteca una Biblia latina. Le fue una sorpresa ver que ella contenía mucho más que las porciones de los Evangelios y las Epístolas que se leían en las iglesias.

Varias cosas sucedieron que cambiaron por completo el curso de la vida de Lutero. Fue el blanco de una enfermedad severa; tuvo un accidente que por poco le hace morir desangrado; en un camino lo agarró una tormenta y cerca de él cayó un rayo que lo dejó aturdido--todo esto hizo que entrara en un monasterio y se hiciera monje. Muy preocupado por la salvación de su alma, creyó que dentro de un monasterio podría llevar una vida más santa que fuera de él, y que podría conseguir reposo y tranquilidad para su atribulado corazón. Fue fiel observante de las reglas del monasterio, y hacía cuanto sacrificio fuese necesario en la falsa esperanza de aplacar la ira de Dios y de ganarse su propia salvación.

En 1507 fue ordenado sacerdote. En 1508, a los 25 años de edad, fue llamado a la Universidad de Wittenberg para enseñar filosofía. Al siguiente año recibió permiso para explicar las Escrituras a los estudiantes. Fue entonces cuando se dedicó al estudio de las Escrituras con diligencia especial y con entusiasmo marcado. Cuando Lutero empezó a predicar pronto los estudiantes y el pueblo se apiñaban para escucharle; fue así como inició la predicación de sus vigorosos sermones y la gente oía con avidez la explicación del mensaje de la salvación de Cristo.

Dos años más tarde Lutero fue enviado a Roma. Las cosas que vio y oyó allí le hicieron comprender la corrupción tan grande que existía en la iglesia de aquel tiempo. Poco después de regresar de Roma se le confirió el título de Doctor en Divinidades.
A esas alturas, el papa León X, necesitaba dinero para terminar la construcción de la catedral de San Pedro en Roma. Para conseguir este dinero, autorizó la venta de indulgencias. El fraile Dominico Juan Tetzel vino a las cercanías de Wittenberg para venderlas. Muchos de los que venían a confesarse con Lutero le decían que no tenían que arrepentirse porque ya habían comprado las indulgencias.

Después de haber tratado de poner fin a esta abominación, Lutero el 31 de octubre de 1517, clavó un pliego con noventa y cinco tesis o proposiciones en la puerta de la iglesia del castillo en Wittenberg. En estas tesis declaró que el perdón de los pecados no se puede conseguir comprando indulgencias, y que todo cristiano que verdaderamente se arrepiente de sus pecados y cree en Cristo como su Salvador tienen perdón pleno, sin carta alguna de perdón. Este documento fue reproducido y pronto se divulgó por Europa. Dondequiera que algunos se congregaban, ellas eran el tópico de discusión.

Al principio el papa optó por ignorarlas; pero más tarde mandó que Lutero se presentara en Roma. Temiendo de que Lutero, si iba allá, no se libraría de la cárcel o aún de la muerte, el elector Federico el Sabio insistió que Lutero fuera juzgado en territorio alemán. A Lutero entonces se le pidió que compareciera ante el cardenal Cayetano en Augsburgo, y ante Miltitz en Altenburgot; pero estos hombres no pudieron responder a los argumentos que Lutero presentó de las Escrituras. Lutero, pues, atacó abiertamente las enseñanzas falsas y la corrupción de la iglesia. Esto tuvo por resultado su excomunión.

En 1521 Lutero recibió una orden del emperador Carlos V para que compareciera ante la dieta de Worms. Allí se le pidió que se retractara de todo lo que había escrito contra el papa y la iglesia; pero él declaró: "Si no me convencen con testimonios sacados de la Sagrada Escritura, yo no quiero ni puedo retractarme de nada".
El emperador le privó de sus derechos civiles y le declaró legalmente muerto. Pero sus amigos, lo llevaron al castillo de Wartgurgo. Aquí empezó la traducción de la Biblia al alemán, de modo que le pueblo pudiera leerla en su propio idioma. Al regresar a Wittenberg empezó a esparcir el Evangelio puro. Muchos estudiantes acudieron a oír a aquel hombre tan intrépido y a estudiar bajo su dirección.

Lutero escribió gran número de himnos cristianos, la joya más preciosa de sus himnos es "Castillo Fuerte", la obra maestra de los himnos de la Reforma. Fue Lutero el que le dio gran importancia al canto en el culto y de este modo hizo que la congregación participara más directamente en los cultos.
En 1525 Lutero se casó con Catalina de Bora. Esto fue ocho años después de haber empezado su obra de Reforma y cinco después de haber sido excomulgado de la iglesia Católica Romana.

En 1529 publicó Lutero su Catecismo Menor, para la instrucción de la niñez y de la gente del pueblo. Cuando se entregó la Confesión de Augsburgo a la Dieta en 1530, él estaba en el castillo de Coburgo cerca de Augsburgo. Los años restantes de su vida los pasó predicando, enseñando y escribiendo, y de este modo devolvió a la iglesia las doctrinas de la Biblia, que durante siglos habían sido escondidas bajo cánones, decretos, tradiciones y mandamientos humanos. Encomendando su alma en las manos del Padre celestial, Lutero murió en Eisleben en 18 de febrero de 1546 y fue sepultado junto al púlpito de la iglesia del Castillo en Wittenberg.

Lutero es el gran Reformador que Dios usó como instrumento para volver a sacar a la luz las verdades importantes de que la Biblia es la Palabra de Dios y la única fuente de la doctrina cristiana, y de que la salvación es únicamente por la gracia, por medio de la fe en Cristo.

Que estas verdades salvadoras todavía se nos impartan, lo debemos a la bendición de Dios en concedernos la Reforma. No hay otro predicador del Evangelio como Lutero desde los días de San Pablo más digno de ser recordado con las palabras: "Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; la fe de los cuales imitad". Hebreos 13:7.
ESPERANDO LA MUERTE... TRANQUILO


En 1555 Nicholás Ridley fue quemado vivo debido a su testimonio de Cristo. La noche anterior a su ejecución, su hermano ofreció quedarse con él en la prisión para serle de asistencia y consuelo. Nicholás rechazó su oferta y recalcó que él se iba ir a la cama y dormir tan tranquilamente como siempre lo había hecho en su vida. Porque conocía la paz de Dios, él podía descansar en la fortaleza de los brazos eternos de su Señor para satisfacer su necesidad